Las razones de mi dimisión
Alfredo Atanasof
Yo fui
convocado por Scioli para formar parte de su
Gabinete.
Con él nos
conocíamos desde hace muchos años; desde que compartimos la Cámara de Diputados
y luego cuando fuimos miembros del Gabinete de Eduardo Duhalde.
Cuando me
convocó tomé la decisión de sumarme a lo que yo imaginaba era una alternativa
política auténtica, un espacio que desde el peronismo plantearía una variable
que, surgida desde la provincia de Buenos Aires, fuera creciendo hasta
convertirse en una opción de gobierno nacional.
Creo que
muchos pensaron que eso era lo que el gobernador Scioli
pretendía y supuse que desde el lugar que me ofreció en su Gabinete iba a poder
acercarle propuestas, sobre todo porque no tenía ni tiene aún un equipo que
conozca la provincia de Buenos Aires, no con un conocimiento superficial de
algunos meses de campaña sino con el conocimiento profundo que dan los años de
trabajo en el territorio, que implica conocer no sólo a los intendentes
actuales sino a todos los que en los últimos 20 años gobernaron sus distritos;
que implica conocer sus fuerzas políticas, sus problemas, y también por
supuesto sus potencialidades.
Pero fueron
varias cosas las que lamentablemente en estos meses me desencantaron de este
proyecto.
El primero,
sin dudas, tuvo que ver con la falta de una política pensada de y para la
provincia.
Me parece
inexplicable la actitud de Scioli frente al campo
teniendo Buenos Aires el peso que tiene en materia de producción
agroalimentaria.
En esa
oportunidad el gobernador sólo siguió a rajatabla las
instrucciones del gobierno nacional sin atender a los ciudadanos de su
provincia, que equivocados o no, son sus mandantes pero parece que por lo menos
en esa oportunidad el gobernador prefirió escuchar las órdenes de otros.
Y hubo muchas
otras cosas que me hicieron comprender que no estaba formando parte de un
Gobierno con autonomía ni con voluntad de hacer y de decir lo que los
bonaerenses sienten y reclaman.
No lo vi, por ejemplo, al frente de pedir la eliminación de las
distorsiones en el sistema impositivo para aliviar las cargas de los
presupuestos provinciales.
Buenos Aires
debe reclamar enfáticamente más coparticipación federal.
Todos
conocemos lo crítico de las cuentas provinciales, pero no sentimos que nuestro
gobernador esté dispuesto a dar esa lucha frente al gobierno nacional.
Otros
gobernadores, aún los que son kirchneristas desde la
primera hora, se animaron a ponerse al frente del reclamo de sus representados
y eso no los condenó al ostracismo del gobierno nacional como creo que tampoco
le hubiese ocurrido a Scioli, pero hay que tener
coraje y decisión para hacerlo.
Por último no
voy a negar que hubo algunas otras cosas que no me
gustaron, pero creo que no vale la pena enumerarlas.
Yo ofrecí mi
renuncia y ofrecí irme en silencio, manteniendo entre nosotros las verdades que
nunca me guardé.
Tengo más de
30 años de actividad política y sindical y estuve al servicio de mi país
durante los momentos más duros de la Argentina ,
situaciones que muchos no quisieron afrontar.
Estuve
acompañando un proyecto político de una argentina productiva, que cree en su
agro, en su industria y en la fuerza de su gente, sin todo lo cuál no
hubiéramos salido adelante.
Fui el copiloto de ese momento doloroso de mi
país y con Duhalde sentamos las bases de esta Argentina, pagando todos los
costos que fue necesario pagar en términos de devaluación, de sostener al
sistema financiero argentino, de sostener la propiedad de la tierra de los
pequeños productores para sanear la economía argentina y volver a poner en
marcha después de una década de abandono a nuestra industria y nuestro campo.
Ese modelo que
nosotros creamos con defectos y aciertos fue el que sacó al país de la crisis,
con el viento de cola de una economía internacional que vivió años de increíble
crecimiento; pero sobre todo, con el esfuerzo del campo, de la industria
nacional y de su gente, el modelo tuvo mucho éxito.
Pero todo en
la vida necesita ser corregido, y yo creo que nunca se hicieron esas
correcciones.
La inflación
no se generó espontáneamente sino porque se apostó al consumo más que a la
producción, y creo que desde hace unos años, este modelo comenzó a mostrar
señales de agotamiento.
Quiero que
retomemos y consolidemos el crecimiento y creí en Scioli
para esto.
Lamentablemente
hoy estoy convencido que quien accede al engaño de millones de bonaerenses para
que voten como diputado nacional a una persona que reconoce no ser bonaerense,
y que se ha cansado de repetir que es un pingüino, no merece mi acompañamiento.
Yo no estoy
dispuesto a convalidar ese engaño a la ciudadanía y a la democracia.
Este es mi
límite.
Cuando Scioli me contó cuál era la estrategia para ganar las
elecciones en el Conurbarno bonaerense donde él no
podía ser candidato y el único que podía hacerlo era el ex presidente Kirchner,
decidí que era hora de dar un paso al costado.
El travestismo
electoral se tiene que terminar por el bien de la democracia.
Yo no necesito
nada más de la política y nunca supe trabajar sin un proyecto en el que
creyera.
Scioli, me
ofreció este espacio y creo haber hecho, a pesar de todas las limitaciones
presupuestarias y de todo tipo de dificultades, lo mejor que pude.
Hubiera
querido irme en silencio a mi gremio, a seguir haciendo lo que hice toda mi
vida, pero no puedo permitir que se mienta diciendo que me pidieron la
renuncia.
Yo la puse
sobre la mesa hace varias semanas y me pidieron que me quedara hasta completar la
agenda de 4 presidentes que yo le armé con mi equipo hasta fin de año ( Calderón, Lugo, Uribe y Alan García).
Pero
nuevamente se quiso hacer de esto una maniobra mediática y yo no me presto a
estos juegos.
Si no pudo
cumplir su palabra porque le dieron órdenes me parece ridícula esta señal de
autoridad que nadie le cree.
Finalmente,
para mí fue muy desilucionante enterarme de la
voluntad del gobernador de suspender la ayuda en materia de promoción
comercial, que desde hace años, la provincia le otorga a las pequeñas y
medianas empresas.