El color de la camiseta


(Carlos Lance 1 06 09)) Además del alto voltaje propio de las campañas electorales y de la cuestionada metodología de protesta de algunos sectores rurales en Lobería, ante el gobernador, que empalicen el reclamo gremial - que el ministro de Justicia Aníbal Fernández acusó anoche a sectores influenciados por Unión Pro, la Sociedad Rural e incluyó a al vicepresidente Julio Cobos, como otros que se produjeron antes en Olavarría, 25 de Mayo y los de la provincia de Santa Fe contra el diputado oficialista Agustín Rossi, llama la atención el silencio de algunos dirigentes y algunas opiniones.


Como si no tuviera responsabilidades institucionales, ante los hechos, el vicepresidente de la Nación Cobos opina simplemente que él anda sin custodios, lo que, además, anoche mismo el ministro Fernández lo contradice porque tiene cien policías federales a su cargo.


En medio de una fuerte crisis internacional y con un resultado social nacional lamentable, durante décadas, donde ningún resultado electoral cambiará de raíz tan complejo panorama, sería interesante que se sincere el debate ya que después del 28 hay problemas que solucionar y sabemos que históricamente es el pueblo el que paga las cuentas.


Hay muchos sectores que hoy todavía no saben que hay elecciones ni quienes son sus autoridades, y hay candidatos a concejales que escriben consejales con ese y eso no es nada si se compara con la responsabilidad que tendrán cuando lleguen a sus bancas, lo que debe ser proporcional a la calidad de los dirigentes que mañana deberán intentar reformas en salud o en educación o en política internacional, áreas que no están en las discusiones de campaña y nos conformamos con Gran Cuñado.

La democracia argentina vive horas de un innecesario desgaste institucional, desde la hegemonía del gobierno, la falta de reconocimiento de la derrota electoral cuando hubo veinte puntos de ventaja por parte de la oposición y ahora con las llamadas candidaturas testimoniales, pasando por la falta de elecciones internas, de reelecciones indefinidas de muchos de sus dirigentes y la pérdida de poder de los partidos políticos, muchas veces reemplazados por opinadores, encuestólogos, corporaciones, medios de comunicación e influyentes de todo signo.


Por las testimoniales, se espera para hoy el fallo de la Cámara Federal y la sentencia definitiva de la Corte Suprema.

Mucho se han cuestionado los métodos de los partidos tradicionales y parece que nadie se hace responsable de las nuevas prácticas que vinieron después, donde es común el escrache, el cambio de partido, la traición al que está en la misma agrupación, andar con un palo en una manifestación o ver a funcionarios que para asistir a un acto deben ir con un ejército de custodios.

El Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical, con acuerdo de cúpulas, al menos llamaron a elecciones internas en las ocho secciones electorales, con un cuestionable adelantamiento electoral nacional, como respuesta a otro adelanto electoral en Capital, también poco virtuoso.


En ese clima, el actual intendente de Olavarría presentó sus candidaturas simultáneas a concejal y a senador provincial, asegurando, además, que seguirá en su actual función comunal.


En ese distrito, Silly Cura se adueñó de Unión Pro y Julián Abad reclama que ese era su partido, como en 25 de Mayo los militantes de éste sector irán por el Partido Celeste y Blanco, al que nunca pertenecieron ni conocen. Y los jóvenes del partido que antes era proscripto por los militares, en tiempos de democracia hablan en esos términos cuando no pueden participar en la elección de este año.


En ese clima, se conoció también que la Junta Electoral de la Provincia oficializó cinco colectoras del Acuerdo Cívico y Social en Esteban Echeverría. Irán por separado en el distrito: el ARI, la UCR, el cobismo, el socialismo y el vecinalismo tendrán su propia lista local de concejales, “colectando” para el Acuerdo.


En algunos momentos de la vida nacional, en el reinicio de la democracia, desde muchos centros del poder - que generalmente no se presentan a elecciones - se cuestionaba que millones de ciudadanos votaban "por el color de la camiseta", sin comprenderse, tal vez, que muchas veces el hombre común - que había sido impedido de hacer uso de sus facultades ciudadanas y cargado de conflictos para sobrevivir, que nunca lee la Constitución Nacional y trata de respetarla a su modo - se sentía parte de una organización política determinada y aceptaba las reglas de juego de ella y, orgánicamente, el día de la elección votaba la sigla, el número, los candidatos o la imagen que identificaba más cercana.

En reconocimiento de quienes han participado por años en la vida de los partidos, de quienes han fiscalizado las elecciones, de quienes se han jugado por un ideal y lo mantienen cuando las encuestas dicen lo contrario, de quienes promueven los debates sin necesidad de estar en los gobiernos, de quienes han llorado o festejado según el resultado electoral de “su” partido, de quienes han aceptado los resultados simplemente porque así lo confirma su fiscal y han saludado al adversario, de quienes respetan a sus autoridades porque han sido elegidas por el voto popular, la dirigencia debería hacer un esfuerzo mayor para que en el tiempo que resta de la campaña se comprenda que hay algo más que desprolijidades e intereses personales en juego y realicen una función docente mirando los años de democracia que vienen, la que nos reclama, como el país, un nuevo esfuerzo.