EN EL DIA DEL PERIODISTA
Prólogo a la traducción de "El contrato social"
publicado en la Gaceta de Buenos Aires en 1810.
Por Mariano Moreno
La gloriosa instalación
del gobierno provisorio de Buenos Aires ha producido tan feliz revolución en
las ideas, que agitados los ánimos de un entusiasmo capaz de las mayores
empresas, aspiran a una constitución juiciosa y duradera que restituya al
pueblo sus derechos, poniéndolos al abrigo de nuevas usurpaciones. Los efectos
de esta favorable disposición serían muy pasajeros, si los sublimes principios
del derecho público continuasen misteriosamente reservados a diez o doce
literatos, que sin riesgo de su vida no han podido hacerlos salir de sus
estudios privados. Los deseos más fervorosos se desvanecen, si una mano maestra
no va progresivamente encadenando los sucesos, y preparando, por la particular
reforma de cada ramo, la consolidación de un bien general, que haga palpables a
cada ciudadano las ventajas de la constitución y lo interese en su defensa como
en la de un bien propio y personal. Esta obra es absolutamente imposible en
pueblos que han nacido en la esclavitud, mientras no se les saque de la
ignorancia de sus propios derechos que han vivido. El peso de las cadenas
extinguía hasta el deseo de sacudirlas; y el término de las revoluciones entre
hombres sin ilustración suele ser que, cansados de desgracias, horrores y
desórdenes, se acomodan por fin a un estado tan malo o peor que el primero a
cambio de que los dejen tranquilos y sosegados.
La España nos provee un
ejemplo muy reciente de esta verdad: cuanto presenta admirable el heroísmo de
los pueblos antiguos se ha repetido gloriosamente por los españoles en su
presente revolución. Una pronta disposición a cuantos sacrificios han exigido,
un odio irreconciliable al usurpador, una firmeza sin igual en los infortunios,
una energía infatigable entre los cadáveres y sangre de sus mismos hermanos;
todo género de prodigios se repetía diariamente por todas partes; pero como el
pueblo era ignorante, obraba sin discernimiento; y en tres años de guerra y de
entusiasmo continuado no han podido los españoles erigir un gobierno que
merezca su confianza, ni formar una constitución que los saque de la anarquía.
Tan reciente desengaño
debe llenar de un terror religioso, a los que promuevan la gran causa de estas
provincias. En vano sus intenciones serán rectas, en vano harán grandes
esfuerzos por el bien público, en vano provocarán congresos, promoverán
arreglos y atacarán las reliquias del despotismo; si los pueblos no se
ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que
vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las
antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal
vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía.
En tan críticas
circunstancias todo ciudadano está obligado a comunicar sus luces y sus
conocimientos; y el soldado que opone su pecho a las balas de los enemigos
exteriores, no hace mayor servicio que el sabio que abandona su retiro y ataca
con frente serena la ambición, la ignorancia, el egoísmo y demás pasiones,
enemigos interiores del Estado, y tanto más terribles, cuanto ejercen una
guerra oculta y logran frecuentemente de sus rivales una venganza segura. Me
lisonjeo de no haber mirado con indiferencia una obligación tan sagrada, de que
ningún ciudadano está exceptuado, y en esta materia creo haber merecido más
bien la censura de temerario, que la de insensible o indiferente: pero el fruto
de mis tareas es muy pequeño, para que pueda llenar la grandeza de mis deseos;
y siendo mis conocimientos muy inferiores a mi celo, no he encontrado otro
medio de satisfacer éste, que reimprimir aquellos libros de política que se han
mirado siempre como el catecismo de los pueblos libres, y que por su rareza en
estos países son acreedores a igual consideración que los pensamientos nuevos y
originales.
Entre varias obras que
deben formar este precioso presente, que ofrezco a mis conciudadanos, he dado
el primer lugar al Contrato Social, escrito por el ciudadano de Ginebra, Juan
Jacobo Rousseau. Este hombre inmortal, que formó la admiración de su siglo, y
será el asombro de todas las edades, fue, quizá, el primero que disipando
completamente las tinieblas con que el despotismo envolvía sus usurpaciones,
puso en clara luz los derechos de los pueblos, y enseñándoles el verdadero
origen de sus obligaciones, demostró las que correlativamente contraían los
depositarios del gobierno.
Los tiranos habían
procurado prevenir diestramente este golpe, atribuyendo un origen divino a su
autoridad; pero la impetuosa elocuencia de Rousseau, la profundidad de sus
discursos, la naturalidad de sus demostraciones disiparon aquellos prestigios;
y los pueblos aprendieron a buscar en el pacto social la raíz y único origen de
la obediencia, no reconociendo a sus jefes como emisarios de la divinidad,
mientras no mostrasen las patentes del cielo en que se les destinaba para
imperar entre sus semejantes; pero estas patentes no se han manifestado hasta
ahora, ni es posible combinarlas con los medios que frecuentemente conducen al
trono y a los gobiernos.
Es fácil calcular las
proscripciones que fulminarían los tiranos contra una obra capaz por sí sola de
producir la ilustración de todos los pueblos; pero si sus esfuerzos lograron
substraerla a la vista de la muchedumbre, los hombres de letras formaron de
ella el primer libro de sus estudios; el triunfo de los talentos del autor no
fue menos glorioso por ser oculto y en secreto.
Desde que apareció este
precioso monumento del ingenio, se corrigieron las ideas sobre los principios
de los estados, y se generalizó un nuevo lenguaje entre los sabios, que, aunque
expresado con misteriosa reserva, causaba zozobra al despotismo y anunciaba su
ruina.
El estudio de esta obra
debe producir ventajosos resultados en toda clase de lectores; en ella se
descubre la más viva y fecunda imaginación; un espíritu flexible para tomar
todas sus ideas; un corazón endurecido en la libertad republicana y
excesivamente sensible; una memoria enriquecida de cuanto ofrece de más
reflexivo y extendido la lectura de los filósofos griegos y latinos; en fin,
una fuerza de pensamientos, una viveza de coloridos, una profundidad de moral,
una riqueza de expresiones, una abundancia, una rapidez de estilo y sobre todo
una misantropía que se puede mirar en el autor como el muelle principal que
hace jugar sus sentimientos y sus ideas. Los que deseen ilustrarse encontrarán
modelos para encender su imaginación, y rectificar su juicio; los que quieran
contraerse al arreglo de nuestra sociedad, hallarán analizados con sencillez
sus verdaderos principios; el ciudadano conocerá lo que debe al magistrado,
quien aprenderá igualmente lo que puede exigirse de él; todas las clases, todas
las edades, todas las condiciones participarán del gran beneficio que trajo a
la tierra este libro inmortal, que ha debido producir a su autor el justo
título de legislador de las naciones. Las que lo consulten y estudien, no serán
despojadas fácilmente de sus derechos; y el aprecio que nosotros le tributemos
será la mejor medida para conocer si nos hallamos en estado de recibir la
libertad que tanto nos lisonjea.
Como el autor tuvo la
desgracia de delirar en materias religiosas, suprimo el capítulo y principales
pasajes donde ha tratado de ellas. He anticipado la publicación de la mitad del
libro, porque precisando la escasez de la imprenta a una lentitud irremediable,
podrá instruirse el pueblo en los preceptos de la parte publicada, entre tanto
que se trabaja la impresión de lo que resta. ¡Feliz la patria si sus hijos
saben aprovecharse de tan importantes lecciones!
(Fuente: Doctrina
democrática, edición de Ricardo Rojas, Librería La Facultad, de Juan Roldán,
1915)
Los medios y la muerte de Perón
El suplemento especial de Clarín del día 2 de julio de
1974, con el título "El líder de
las mayorías nacionales" repasaba la vida de Perón de tres partes:
1946- 1955, con "las dos presidencias de
Perón"; las banderas de Perón: Justicia social; la clase trabajadora;
obreros y patronos; El estado; el Capital; la Tercera Posición. El 17 de
octubre de 1945: El pueblo se vuelca en Plaza de mayo y obtiene la liberación
de su líder.
1955- 1973: un prolongado exilio y el primer regreso a
la Patria.
1973- 1974: Por tercera vez presidente, por abrumadora
mayoría de votos.
El mismo día, "La Prensa", clausurado y
confiscado por el peronismo "por defender la libertad el 26 de enero de
1951, reinició sus ediciones el 3 de febrero de 1956", como recordaba en
la página de su editorial y con un título en sus ocho columnas informaba a sus
lectores: "Falleció el presidente de la Nación". Dejó de existir a
las 13.15 en la residencia de Olivos; el velatorio de sus restos se efectuará
en el Congreso Nacional, adonde desde las 12.30 de hoy podrá concurrir el
pueblo, y será sepultado mañana en el cementerio de la Chacarita. La Presidente
al asumir el cargo, anunció al país el fallecimiento. Detalles de la
"Actuación política del Tte. Gral. Juan D. Perón". Y también en su
tapa se leía información de su salud cuando aceptó la candidatura el 7 de
agosto de 1973, firmados por los doctores Pedro Cossio
y Jorge Taiana y "Los partes médicos dados
durante el día", firmados por los doctores Cossio,
Liotta y Vásquez.
En el primero se mencionaba que "se encuentra
restablecido de la afección comprobada el 16 de junio y que la actividad futura
debe contemplar y ajustarse a la situación física vinculada a la edad y a la
afección padecida". Los de aquel día 1 de julio habían sido cinco
comunicados, donde gradualmente se daba aviso a la población de su gravísimo
estado.
"El velatorio de los restos" y "La zona
céntrica al difundirse la noticia", eran otras de las noticias en tapa. En
las otras páginas las noticias diarias de una edición más. "Emergencia en
Chile por los temporales"; "Anuncio del fallecimiento";
"Variantes del comunismo en el mundo y aquí" (editorial); "Tan
fácil como beber en el agua, por Raúl Oscar Abdala". "La comunicación al Congreso";
"El orden institucional apoyan las tres
armas"; "La CGT exhortó a mantener los servicios de transporte,
prensa, abastecimiento y sanidad"; "El acta de asunción del cargo de
la presidenta de la Nación"; "El cese de actividades será hasta mañana
a las 24". "El Congreso pidió
anoche un decreto de honores". "Adhesión al duelo de las entidades
empresarias". "Brasil batió a Argentina"; "Viajó a Puerto
Rico el equipo de básquet". "Cesó el temporal en la zona de la alta
cordillera".
Por la tarde, en su única edición vespertina, "La
Razón", titulaba ese 2 de julio, con un gran título a ocho columnas:
"Luto nacional". Conmovió al país y tuvo honda repercusión en el
mundo el fallecimiento del Teniente Gral Perón. Las
expresiones de duelo público congregan a todos los sectores del pueblo.
En los comentarios "La Prensa" expresaba que
"en 1948 el gobierno había comprado las radios Belgrano y Rades y ya en 1954 las redes A, B y C de radiodifusión
pasaron a manos de testaferros. A todo esto una denuncia de la minoría por
torturas infligidas a opositores, la mayoría constituyó una bicameral para
"investigar actividades antiargentinas y violación de leyes". Ello
fue en setiembre de 1949, tres meses después de haber sido formalmente fundado
el Partido Peronista. Esa comisión, con pretextos fútiles, clausuró en 1950 no
menos de 90 periódicos en todo el país. En octubre de ese año la ya profusa
legislación represiva se amplió con la ley 13985, que sancionaba actos contra
la seguridad nacional. En enero de 1951 fue clausurado este diario, que sería
confiscado por la ley número 14021 del 12 de abril...". "Entre julio
y agosto de 1955 el gobierno pareció intentar la conciliación con la oposición.
Se cedieron breves espacios radiofónicos a políticos de la minoría y la
ciudadanía pudo (por primera vez en diez años) escuchar voces que no cantaban
loas al régimen.
Pero después de haber hablado los dirigentes Arturo
Frondizi y Luciano Molinas, el programa de
trasmisiones fue interrumpido por haberse impuesto la censura previa al resto
de las disertaciones anunciadas".
"El presidente se manifestó dispuesto a
renunciar, aparentemente, pero la CGT se movilizó para apoyarlo. Entonces el 31
de agosto de 1955, el general Perón pronunció por la cadena de radiodifusoras
un discurso que superaba en agresividad a todos los suyos anteriores. Dijo: Por
cada uno de los nuestros, caerán cinco de los de ellos. El 8 de setiembre, el
secretario de la CGT ofreció al ejército milicias obreras. El 16 estalló la
Revolución Libertadora en Córdoba, movimiento militar del que participó también
la marina y que contaba con vasto apoyo de la civilidad. Se luchó varios días
en el interior y Buenos Aires estuvo a punto de ser cañoneada desde el río por
la flota. El 20 de setiembre, Perón, que se había asilado en la embajada de
Paraguay, se embarcó en una cañonera de ese país y abandonó la
Argentina...", decía La Prensa.
El miércoles 3 de julio del ´74 "Clarín"
titulaba a toda página "El pueblo rinde su homenaje a Perón". Sorprendentemente
en ninguna de las otras páginas había otro tema de interés de la editorial. Los
títulos de las otras páginas del diario así lo reflejaban: "Doliente
marcha del Cortejo desde Olivos". "Piadosa impetración en la Solemne
Misa de la Catedral". "Incesante desfile popular ante la capilla
ardiente". "Importante delegaciones extranjeras arriban al país para
asistir a las exequias". "Imponente testimonio de pesar".
"Rindieron homenajes 8000 hombres de las tres armas".
"Multitudinaria manifestación de pesar" en las dos páginas centrales,
12 y 13. "Al adherir al duelo los sectores políticos adelantan la
colaboración". "Renovadas expresiones de entidades
representativas". "Todo el país exterioriza su duelo en el postrer
homenaje". "Continúan las expresiones de pesar en el Mundo por la
muerte". "El general Perón en el recuerdo de los futbolistas" y
"Una acongojada vigilia", ya en la 24, su última página.
Los trabajadores de "La Prensa", aclararían
al lector distraído de que se trataba: En una solicitada el personal gráfico
decía que "es ajeno al contenido periodístico aparecido en la edición del
2 de julio de 1974, siendo responsabilidad de la empresa. En el día de la fecha
y en conocimiento de la resolución de la FGB dicho personal intimó a la empresa
a que las ediciones se ajusten a la voluntad de los trabajadores de todo el
gremio". (Viaje al Fondo del Archivo)
Somos
caballos y nos gobiernan caballos
Reportaje de Magdalena Ruíz Guiñazú a Enrique Pinti - Perfil 3 12 06
A punto de estrenar El pingo argentino, confiesa que
desde Salsa criolla siempre cuenta una “historia bochornosa” y dice que la
oposición política al Gobierno K no funciona. Reivindica el teatro porteño, la
amabilidad de la gente del Sur y a los productores rurales. Es un referente
popular, y de todo opina.
Esmeralda y Corrientes, 5 de la tarde. El calor es
insufrible y los estruendos de la calle felizmente se demoran en las dobles
ventanas del restaurante del Maipo. En ese primer piso sofisticado, en blanco y
negro, y con las luces más bajas por el calor, Enrique Pinti
resume, con su típica inteligencia pragmática y deslumbrante, esta nueva obra
que fascina a los porteños.
—Mirá, El pingo argentino es
un espectáculo que yo venía rumiando desde hace tiempo –explica Enrique–. Aunque, bueno, las que
rumian son las vacas... En fin, relinchando para mis adentros. Yo considero que
el caballo es una cosa muy argentina y nos define en varios sentidos. Primero,
porque somos como caballos en muchos momentos de la vida. Segundo, porque
elegimos caballos. Tercero, porque nos gobiernan caballos... Y toda esta lista
es como un insulto al caballo, que es un animal muy noble y también representa
a lo mejor de la Argentina. El purasangre argentino, de fama mundial, ese
caballo que hace que vengan los ingleses a buscarlo para sus juegos, con
familias reales que se mueren por ellos, es un poco este país. La gente lo
considera un país enorme, maravilloso, increíble, con un montón de recursos. Un
país purasangre, como también lo es el “pingo”. Fijate,
está el costado del turf, de Gardel, de Leguizamo,
que pinta de cuerpo entero al hombre porteño y que finalmente es la imagen que
da vueltas por el mundo.
—El “paquetón” en el
Hipódromo...
—Desde ya, y mezclado con la corrupción que significa
drogar a un caballo para que gane. O sea que el caballo también aparece en las
primeras transfugadas argentinas. Por supuesto que es
también el del indio, el del gaucho y el del arado primitivo que forma la
riqueza del país. El del malón. Por eso, para mí, el caballo es un símbolo muy
importante. Y si bien en el espectáculo yo no analizo todos estos aspectos,
sino algunos, me pareció que unir la realidad argentina con un caballo no era
para nada absurdo. Cuando me preguntaban: ¿Pero qué vas a hacer? ¿Qué estás
preparando?, yo no le podía contar todo esto a la
gente. Después lo fui organizando y vuelvo a relatar entonces la misma historia
que he contado toda la vida, desde Salsa criolla, y aún antes. Eso de la
paradoja permanente: ser un país rico, pero
anotándonos como uno pobre; subdesarrollado en ciertas
cosas y muy avanzado en otras. País contradictorio con un perfil muy importante
en ciertos temas y ninguno en otros. Un país sin demasiado apego a sus
tradiciones, como sí tienen otros países del Tercer Mundo. Una tierra con
aspecto cosmopolita, cosa que a veces nos ayuda y otras, nos hunde...
—Todos los temas que tenés
siempre en el corazón...
—Sí, pero utilizando la metáfora del
país-pingo-purasangre montado por gente pesada, muy pesada. Gente que no lo
deja avanzar ni en un sentido ni en otro. Inapropiada. Yo, entonces, me
personifico en ese jockey que no es un jockey: es un jinete con chaqueta roja,
tal como se ve en los afiches, y que tiene una mezcla de inglés por cómo está
vestido; de futbolero, porque lleva un gorro con visera azul y blanca; de
bacán, y al mismo tiempo de lumpen. Está “puesto” sobre ese caballo, pesando
125 kilos y haciéndolo morir. Es el lastre que lleva el caballo, el pingo
argentino: ¡que es el país! El pobre purasangre que está siempre jineteado,
como te decía, por gente pesada...
Lo notable en Pinti es que
con Salsa criolla –excelente espectáculo– comenzó a
hacer pensar a la gente. Y hoy no solamente lo logra, sino que el público
espera sus observaciones y enojos como una flecha en el camino.
—Sí –reflexiona Enrique–,
contar la historia... Yo creo que las cosas hay que contarlas muchas veces.
Cuando éramos chicos, nuestras abuelas nos contaban Caperucita Roja, La
Cenicienta, Blancanieves, Pulgarcito o lo que fuera, 50 veces. Adorábamos que
lo volvieran a relatar. Según lo contara tu abuela, tu tía o tu papá, el cuento
sonaba distinto, porque cada uno de ellos daba una imagen diferente. O porque
lo actuaban o lo contaban muy rápido o simplemente acentuaban tal o cual
escena. El mismo cuento contado por esa cantidad de gente era el mismo cuento
y, a la vez, ¡tampoco era el mismo! Y yo vengo contando, desde Salsa criolla,
de muchas maneras, la historia argentina. El Cabildo, la Escarapela, la
Bandera. Qué pasó con Belgrano, con San Martín, con Sarmiento. Y cada tanto vuelvo a hacer una revisión diferente y lo cuento desde un
distinto lugar, ¡con la sensación de no haberlo contado nunca! Ojalá que al público le pase lo mismo y no me diga: “¿Otra
vez sopa?”.
—¡Con vos nunca es “otra vez sopa”!
Todos los que te seguimos sabemos que cada noche agregás
algo de tu vivencia personal al espectáculo...
—Sí, por supuesto. Siempre tengo “espacios” en los que
yo puedo, digamos, variar de acuerdo con lo que ocurra. En este caso, por
ejemplo, el monólogo de entrada del jockey, ahí, con el caballo, narra todo lo
que pasó desde el año 2000 hasta 2007 en el mundo; porque el siglo XXI ha
empezado, y no sólo para nosotros, como el culo, con el tema del “corralito”.
Es más: cuando uno ve todo lo que pasó del 11 de septiembre al 11 de marzo...
Irak, Irán, bueno, todo eso, el “corralito”, que era algo trágico para nosotros
e incomprensible para el resto del mundo, aparece como una cosa grotesca sin
las consecuencias terribles que tuvieron estos otros acontecimientos. Parecería
como que en un lado ocurre la “gran historia” (trágica, tremenda, injusta,
sangrienta, horrible), y en estos lares nuestros, en
cambio, se desarrolla la “historia bochornosa”, ¡la que te roba los ahorros y
te rompe la alcancía! Cosas tan raras... Y afuera dicen: “Pero ¿cómo puede ser?
Ustedes, que no tienen los problemas enormes que tienen otras sociedades,
consiguen lo más difícil y no pueden tener lo más fácil, que es la mínima
confiabilidad de un sistema que diga ‘bueno, la plata la voy a poner en el
Banco para que esté bien segura’”. Sobre todo, si son los bancos nacionales...
En fin, a nosotros nos azotó 2001, pero si lo comparamos con lo ocurrido en el
resto del mundo... Entonces, yo hago una especie de análisis y en ese primer
monólogo, lo del mundo puede seguir. Y lo de aquí; es decir, lo que escribí en
septiembre de 2006, tiene menos vigencia y lo voy a tener que cambiar.
Porque, mirá, hay cosas que
quedan siempre fijas. Por ejemplo, el bochorno de cada una de las personas que
gobierna. No me refiero solamente a los presidentes, sino a los destacados
ministros de áreas como Educación, Salud, Interior y, sobre todo, ¡Economía!
Hay cosas que no se borran. Por ejemplo, el autoritarismo de Kirchner cuando,
como dicen los gallegos, “se le va la olla de la cabeza” y empieza a gritar; a
llegar tarde a todos lados; a mandarse faltazos a las citas, etc. Todo lo que
sabemos sobre su mala educación. Eso va a quedar por más que él haga cosas
mejores o peores, según mi modesto entender. Por lo tanto, yo tengo una sección
dedicada al Presidente, al que identifico como un Pingüino que se cree Luis XIV
y que mira lo más fijo que puede y que se enoja con todo el mundo. Es el “pingüinis irritábilis”. Y la
Reina Cristina... bueno, ¡es algo más que una marca de medias! ¿No te acordás, cuando éramos
chicos, que era una marca, con una mujer divina sentada sobre un caballo que
mostraba las piernas?
—Por supuesto. Y venían en sobre rojo...
—Entonces, esas características que son aparentemente
exteriores te indican una manera de encarar el poder desde el Gobierno. Y esto,
claro, figura en el monólogo. Y no va a variar. Lo que seguramente, en cambio,
va a permanecer, para bien o para mal (y esperemos que sea para bien, pues al
país le conviene) es la observación de cuánto meten la pata los funcionarios de
manera imperdonable o no. Pero no solamente me ocupo de ellos, sino también de
la oposición, que es un abanico lamentable de estúpidos que, con todo respeto,
porque yo tampoco me creo tan pícaro, dan pena. Y dan pena porque cuando
quieren discutir los errores u horrores del Gobierno, discuten mal, porque lo
hacen desde la reivindicación de otras teorías que han fracasado estrepitosamente
en nuestro país. Entonces, cada vez que Kirchner se manda un delirio populista,
ellos vienen con un delirio privatista de cuarta categoría, que ya se hizo en
el país bajo todas las posibilidades: con dictadura, con democracia, con un
gobierno más social, con otro más autoritario. Desde el señor Alsogaray y el señor Frigerio, ya
todo se hizo. Y si no lo hicieron ellos, lo intentaron a través de sus
representantes o de la gente que pusieron en el poder, ¡nunca funcionó!
—Y, según vos, ¿qué tendría que hacer, entonces, la
oposición?
—Te voy a explicar. Como nunca funcionó, cuando uno
tiene que oponerse a un delirio populista o a una barbaridad cualquiera, tiene
que moverse con medidas muy concretas que no se hayan aplicado nunca en la
República Argentina. ¡Aunque estén en los libros de economía! Pero ¡es que no
se puede decir alegremente, como dice Menem: “Hay que
volver al uno a uno y dolarizar!”. De sólo pensarlo se te paran los pelos... Y
los otros, los que no se atreven a decir semejante cosa, se refieren
sinuosamente a “ese tipo de cambio”. Entonces, otra vez, etcétera... Te digo:
una de las pocas cosas importantes que tuvo la devaluación es que trajo
alrededor de cinco millones de turistas y, por consiguiente, un desarrollo que
significa puestos de trabajo y una buena imagen de la República Argentina,
porque yo viajo por el mundo y todo el tiempo me dicen que se quieren comprar
un departamento en Buenos Aires...
—En cada esquina aparece un gringo...
—Están por todos lados, porque de verdad descubrieron
que éste es un país fantástico. Tenés una entrada
maravillosa que es Buenos Aires y después tenés el
Sur, donde parece que te atienden muy bien. Tengo un montón de amigos españoles
que han venido a hacer todo lo de Caleta Olivia y lo de las ballenas y dicen
que no solamente las ballenas son extraordinarias sino: “¡Hombre! Nos tratan
bien. Con gentileza. Hemos ido a muy buenos hoteles. Todo el mundo tiene una
sonrisa amable”. Y yo me pregunto: ¿pero qué pasó?, ¿los
operaron? Yo tenía una visión completamente distinta: “A ver, ¿qué quiere?, ¿qué le importa?”, etcétera. Todo lo
que sabemos. Parecería que una de las pocas cosas positivas que trajo esa
crisis es que alguna gente se puso las pilas. Como te decía, empezando por
Buenos Aires, maravillosa, cosmopolita, increíble. Si me gusta la ópera, tengo
el Teatro Colón que, olvidando a todos los intendentes que querríamos matar,
visto de afuera es una cosa impresionante, aunque a nosotros nos parezca que
tendría que estar mil veces mejor. Y al que le gustan
las comedias musicales y no entiende inglés, puede ver aquí Los productores,
Chicago, Cabaret o lo que quieras, con una puesta en escena espectacular.
También te digo que la gente gay viene a Buenos Aires porque consideran que es
una ciudad “amigable” para ellos, con hoteles específicos y todo. A mí me
parece que todo eso se pudo hacer por el
—En general...
—Sí, ya sé: están los vivos de siempre, que empiezan a
ajustar los precios sin entender que entonces todo ese turismo va a dejar de
venir. Entonces, digamos que una de las cosas que trajo ese dólar
presumiblemente demasiado devaluado se traduce en bandadas de turistas que no
arreglan el problema básico de la Argentina. Pero cuando escucho a la oposición
decir que el sistema de cambio no sirve, me agarro la cabeza. ¿Les servía más el
—Por ejemplo, ¿qué quiere hacer Macri?
—¿Macri? No sabe. ¡Lo que él quiere es ser presidente!
Eso sí es cierto. Pero no sabe si aliarse con Lavagna
o con López Murphy o con algún peronista o qué sé yo... Sabe que él solo no da.
Necesita aliarse y no sabe con quién.
—¿Y la doctora Carrió?
—Lilita dice cosas que a mí me desorientan. Por
ejemplo, decir que el problema del campo no se resuelve porque Kirchner está
resentido contra los ganaderos porque son ricos, es una cosa que nunca pensé
escucharle a Lilita. Lo puedo escuchar de una María Julia, pero no de ella.
“¡Está resentido porque odia a la gente millonaria!”: eso lo puede decir la
gente millonaria, los representantes de la Rural. “Claro, ¡este tipo nos tiene bronca porque está en una chiripiorca
comunista con Chávez y nosotros, que de alguna manera significamos la
oligarquía!” Pero que Lilita diga que es por eso... En fin... Creo que la
actitud del Gobierno con el campo es absolutamente desacertada: las retenciones
no tienen razón de ser porque el tipo que está en el campo tiene la vaca a un
precio, y todos los intermediarios son los que se están haciendo millonarios
con eso. La gente de campo, al lado de lo que gana el resto, termina cobrando
dos pesos por la crianza y la manutención de ese animal. Te repito que las
retenciones están absolutamente de más.
—¿Y los radicales?
—Los radicales, como dijo nuestro amigo Nik, ¡se dividen como para demostrar que el átomo también
se divide! Cuando quedan dos o tres en el padrón, resulta que aparecen los pro-K, los contra-K, los requetecontra-K,
y ahora algunos se van para el lado de Lavagna. En
fin, no se han dado cuenta de que son un grupito y que no pueden avanzar hacia
ningún lado.
—Supongo que tu “pingo” también ve que el “pingüino”
va rumbo a la reelección.
—Aparentemente, sí. Lo que pasa es que el pingo está
muy confundido porque por un lado dicen que va a estar Cristina y no va a estar
él. ¡Lo cual no se lo cree nadie! Eso implica dos cosas: primero, una total
pobreza de la paleta política para que la gente elija otra cosa fuera de lo
real e importante que significa una alternativa superadora; y segundo, es muy
peligroso, porque la acumulación de poder y la eternización
en el poder no son cosas buenas. Nuestra Constitución otorga 4 años y 4 más, y
me parece que 8 años no es una tragedia como si fueran 12. Lo de Misiones
demuestra que hay capacidad de reacción. Cuando una provincia argentina se
plantea tranquilamente que lo de la reelección perpetua es una barbaridad, es
una buena señal. A lo mejor se le puede ocurrir a Chávez. Pero Chávez tiene
otro esquema, otra historia y viene de otro lado. A nosotros, después de tanta
dictadura y veintipico de años de democracia, no se
nos puede decir tranquilamente que tiene que haber una reelección permanente,
¡porque eso es la antítesis de la democracia y no tiene ningún sentido!
Enrique se indigna. Y con razón. Pero también queremos
llevarlo a esos recuerdos de infancia en el que una solícita mamá lo esperaba
todas las tardes, al terminar la escuela, con el Vascolet
y las vainillas.
—Ese fue el tiempo de un chico que nunca se imaginó
que podría ser un referente –explica ante nuestra insistencia con lo de la referencia–, pero sí alguien del espectáculo. Cuando tenía 7 u 8 años, soñaba que iba a tener un éxito
extraordinario, ¡con la gente aplaudiéndome de pie! Lo que pasa es que yo
pensaba también en grandes representaciones como Hamlet o Romeo y Julieta o
comedias musicales. ¡Qué sé yo! Me aplaudían, en mis sueños, por mis
interpretaciones, pero nunca me imaginé que los monólogos tendrían tanta
vigencia. Por ahí en el ’68, cuando yo estaba en Nuevo Teatro, apareció alguien
que tiraba las cartas y me dijo: “Tu opinión va a pesar mucho en la política
del país. Tené cuidado, porque esa opinión también te
va a generar inconvenientes, enemigos. Te van a perseguir (lo cual no ocurrió,
gracias a Dios)”, pero pensé que el tipo estaba loco. Nunca me imaginé que
podría ser un referente. De todas maneras, yo no soy un referente
verdaderamente intelectual, filosófico e importante. La gente me toma como un
cronista de la realidad con cierta agudeza y sagacidad. No más que eso. Y me
encanta que sea hasta ahí nomás. Yo soy sólo Enrique Pinti,
un referente popular.
Experto
en pinchazos
Jorge Lanata
15 10 06
ALBERTO FERNANDEZ Y
EL HOSPITAL FRANCES
Ayer, Alberto Fernández agradeció que la semana
terminara: el miércoles a la noche, cuando salía del Alvear Palace Hotel junto
a dos personas y sin custodia, escuchó que le gritaban:
—¡Fernández ladrón!
Identificó al agresor, sacó pecho y lanzó, como Robert
De Niro en Taxi Driver:
—¿Me decís a mí? (Are you talkin’ to me?)
—A vos te digo, ladrón –repitió el hombre, sin
amilanarse y gritando todavía más alto.
El resto de la semana fue todavía peor: su nombre se
multiplicó vinculado a la
patota
del Hospital Francés y al desmanejo del centro de
salud. La relación entre el jefe de Gabinete de la Nación y la Ciudad vive
desde hace años en un mar de tropiezos: en estos días volvió a recordarse el
pase de Borocotó al kirchnerismo,
un día antes de que se decidiera el juicio político a Ibarra, y también la
destitución del ex intendente, en la que Alberto F no consiguió los votos
necesarios parta evitarla y enfrentó la deserción de miembros de la
tropa
propia, como Helio Rebot. Algunos también recordaron,
en estos días, que el “salvataje” del Hospital Francés le llegó
en
aquel entonces a Ginés González a través del movedizo Borocotó,
quien le presentó un proyecto elaborado para que fuera su hijo Alejandro
Lorenzo quien manejara el hospital. La idea se contempló en medio de la
discusión del “pase”, pero finalmente quedó en la nada.
Héctor “DJ” Capaccioli, José
Luis “Peter” Salvatierra y Sergio “Tuto” Muhamad
fueron las marcas en el camino directo hacia el jefe de Gabinete, en una
historia de dinero poco claro, internas del poder y violencia brutal.
AMIGOS SON LOS AMIGOS
“DJ” Capaccioli y Alberto F son
especialistas en juntar dinero: ambos tuvieron a su cargo la campaña financiera
para la
elección
de K como presidente. Capaccioli era secretario
general del gremio de los operadores técnicos de radio (de ahí lo de “DJ”) y
desde allí comenzó una carrera política verdaderamente heterogénea: en su
segundo mandato, Ibarra lo nombró como secretario de Descentralización y
Participación Ciudadana, y ahora se desempeña como superintendente de Servicios
de Salud.
—El manejo de fondos de la
SIDE es absolutamente irrregular. Con cuatro decretos
secretos de Duhalde y Kirchner
se
le aumentó en cien millones de pesos el presupuesto. ¿Dónde fue esa plata?
¿Hubo financiamiento político? ¿Tendrá que ver con las
campañas electorales?,
se
preguntó, horas antes de renunciar, el entonces ministro de Justicia, Gustavo Béliz.
La gestión recaudadora de Alberto F y “DJ” Capaccioli nunca quedó clara: en abril de 2004 el cuerpo de
peritos contadores de la Cámara Nacional Electoral afirmó que “el actual
presidente Kirchner,
que
declaró haber usado 2,6 millones, habría efectuado gastos por más de 6
millones”. En el monitoreo realizado por Poder Ciudadano sobre el cumplimiento
de la Ley de Financiamiento de los Partidos Políticos se señaló la diferencia
entre la versión oficial declarada (un gasto de 1.557.733 pesos) y “los gastos
en publicidad de la fórmula
Kirchner-Scioli entre marzo
y mayo del año 2003, que habrían ascendido a un total de 10.780.974 pesos”.
La historia que reunió a “DJ” Capaccioli
y “Peter” Salvatierra fue tierna y circunstancial:
se
conocieron en el jardín de infantes de sus hijas, ambas entonces en la salita
de dos, y se hicieron amigos entrañables.
El abogado Salvatierra ingresó entonces al estado
municipal, bajo dependencia de Capaccioli. La
Auditoría de la Ciudad investiga hoy, bajo la gestión de Telerman,
la falta de tres partidas destinadas a programas de descentralización que suman 1.200.000
pesos y se perdieron en aquella oficina
del Triángulo de las Bermudas.
Hecho el mérito suficiente, Alberto F designó a Capaccioli en la Superintendencia de Servicios de Salud,
cargo para el que, como operador de radio, estaba ampliamente calificado. Los
recursos que el área de “DJ” controla son increíbles: las obras sociales
manejan 6.790 millones de pesos por año para dar servicios médicos a 15
millones de personas, el PAMI (manejado por Graciela Ocaña, que también
responde a Alberto F) administra 1.250 millones para 3 millones de jubilados y
las empresas de medicina prepaga gastan lo mismo que el PAMI para otros dos millones.
Pero el dinero no es todo: fuentes de la
Superintendencia señalaron a
PERFIL que allí también se albergan algunos miembros
de fuerzas de choque atentos a proteger el plan de gobierno: Juan Carlos Biani, uno de los gerentes de la oficina, organizó algunos
de esos grupos para Matilde Menéndez durante su gestión en el PAMI, cuando los “batatas” alteraron la paz
de
la Rural. “Peter”, por su parte, exhibe otro antecedente ilustre: en 2002, ya
como tropa propia de Alberto F, logró parar a través de un recurso judicial
presentado ante la jueza “Chuchi” Servini
de Cubría las internas simultáneas del PJ.
Según declaró entonces en Clarín, no estaba enrolado
en línea interna alguna y lo hizo “para ahorrarle plata al Estado”. La
República no tiene una, sino varias deudas con
“Peter” Salvatierra: en 2005 fue “responsable económico financiero” de
la campaña de Rafael Bielsa, y “DJ” fue tesorero. Pero no sólo militó por la
democracia, también figura como aportante de la campaña del ex canciller, para
la que consagró parte de sus ahorros: su padre, el ex diputado PJ Julio Domingo
Salvatierra, aportó mil pesos, Peter cinco mil y el tercer personaje de esta
historia, “Tuto” Muhamad, otros cinco mil.
—El Hospital Francés debe ser un hospital para todos
–dijo el presidente Kirchner en febrero.
En el marco de una crisis general de los hospitales
comunitarios, el Gobierno decidió entonces intervenir el Francés a través de la
Inspección General de Justicia, un procedimiento digno del Libro Guinness de
los Récords. Alberto F y Capaccioli designaron allí
al abogado Peter Salvatierra, que asumió en abril. Ahora, en medio del
escándalo y luego de que trascendiera que el mismo Salvatierra se desempeña
como “auditor general responsable” de Canal 7, donde cobra unos siete mil
pesos, el auditorinterventor se encargó de aclarar
que desempeña ad honórem su tarea en el hospital, y
sólo cobra en la “televisión pública”. Otro sacrificio de “Peter”, porque es
interventor en el hospital desde abril y recién ingresó a Canal 7 el 1º de
septiembre. ¿De qué habrá vivido durante esos cinco meses? Como
en un pase de baile, cuando “DJ” Capaccioli pasó del
Gobierno porteño a la Superintendencia de Salud, Sergio “Tuto” Muhamad pidió el pase a la Dirección Socio-Cultural de la
Secretaría, que luego devino en Ministerio de Descentralización (curioso, ¿no?
Faltaría el lema: “Centralizar para descentralizar”).
El aspecto de “Tuto” no parece, a primera vista, el de alguien inclinado a la
problemática sociocultural.
Sin embargo, no debemos dejarnos llevar por los prejuicios: mientras hay quienes lo acusan de
haber integrado la barra brava de Chacarita, él se defiende diciendo que se
desempeña como “coordinador de la Subcomisión de Desarrollo Social”.
—¿Si el “Tuto” iba a trabajar? –le comentó un ex
compañero municipal a Clarín– Y... como ir, iba. Pero
no tenía tareas, era un militante del PJ que colaboraba en las cosas que iban
saliendo...
“Colaboraba en actos, cargando equipos de sonido... la
última semana estuvo desaparecido”, afirmó otra fuente del Gobierno de la
Ciudad.
Después de los incidentes del martes –en los que la
televisión lo mostró sacándole la gorra a un policía y pateando en la cabeza a
un trabajador del hospital que estaba en el piso–, el
Gobierno porteño rescindió su contrato. Cobraba 1.273 pesos por mes. “Tuto”
conoció estos días la ingratitud de la política: de pronto, nadie parecía
conocerlo.
—¿Cómo va a decir que no me conoce si su oficina está
al lado de la mía? –se exaltó ante los micrófonos de las radios. ... (sigue)
Chávez, el testaferro
Eduardo
Aliverti
Marca de Radio – 30.05.09
¿Hay
antecedentes, en este país, de procesos electorales en los que un factor
externo es puesto sobre la mesa como elemento central?
Es
probable que no. O que deba retrocederse, tirándolo muy de los pelos, hasta “Braden o Perón”. Sería forzado porque, en aquella época
ideologizada de mediados del siglo anterior, la referencia a optar entre lo que
significaba el embajador yanqui y el todavía incipiente líder de masas remitía
a hacerlo entre dos modelos de país. Uno que se basaba en anclarse como
satélite del también flamante imperio estadounidense, para alcanzar estadíos de desarrollo; y otro que apostaba, o decía
hacerlo, a una concepción autónoma. Algún kirchnerista
ultra podrá afirmar que hoy se juega lo mismo con todas las diferencias del
caso, pero lo cierto es que este tiempo no tiene tantas pretensiones épicas
(más bien ninguna). Como sea, y para no entrar en
polémicas bizantinas que los argentinos todavía no resolvieron ni quizá
resuelvan nunca, esa antinomia de los ’40 era mucho más contundente que la de
ahora, cuando si se va un tanto para acá o un tanto para allá parece quedar
resuelto en Gran Cuñado. Y además, todo era entonces bastante, o demasiado, más
sincero y sencillo. Se estaba de este lado o del otro, y no se recurría a
artilugios como los que acaban de situar a Venezuela cual medida de lo que
podría ocurrir aquí si los K son ratificados en las urnas. “Artilugios” es, en realidad,
un término muy modesto para referirse a una de las maniobras más tramposas de
que se tenga memoria. Puede vérsela cual episodio de construcción de sentido
y/o como táctica electoral directa, porque se aúnan intereses de los factores
de poder económicos con objetivos opositores, a fin de advertir sobre el
peligro inminente de una ola estatizante que se
comerá a los chicos crudos. No parecería buen momento para asustar con ese
ogro, visto el renacido papel intervencionista que el Estado tiene en los
países centrales. Pero en campaña todo vale y si sale mal después no se acuerda
nadie.
Hugo
Chávez anunció hace un par de años que entre sus objetivos figuraba crear un
polo sidero-metalúrgico estatal; y hace menos que
empezó a ratificarlo en los hechos, al nacionalizar una de las empresas-madre
del sector, “del” grupo Techint. Para empezar no a ponernos de acuerdo sino,
simplemente, a certificar datos, Techint es hoy parte de un holding
internacional con base decisoria en Luxemburgo. Allí opera el emporio
anglo-indio, Arcelor Mittal, que controla el negocio
del acero en Europa con Marca de Radio – 30.05.09 www.marcaderadio.com.ar
inversiones en la
Federación Rusa, Egipto y los mismísimos Estados Unidos, y al que se suele
vincular a Techint. En cualquier caso, los accionistas argentinos,
descendientes de la familia Rocca, tienen una
participación minoritaria. Por lo tanto, hablar de Techint como “empresa
argentina” es, por lo menos, un apunte no exento de humorismo. De todos modos,
así se conceda que se trata de un polo empresario en el que “lo nacional”, como
muy eventual burguesía ídem, tiene mucho de potencia simbólica (esto también
pretende tener dosis de humor), es inconcebible que la nacionalización de
algunas empresas en Venezuela haya desatado acá semejante reacción
corporativo-mediática. Como si fuera cosa de que la Argentina se bajó los
pantalones ante una potencia extranjera, por no defender intereses que ni
siquiera son propios. Todas las cámaras patronales, todos los voceros
periodísticos del establishment, toda la derecha
junta como nunca se vio de mucho tiempo a esta parte, todos juntos contra
Chávez para pegarle a los K en un tablero que debiera ser algo más limpio y
que, a decir verdad, fue contaminada por los propios K gracias a martingalas como
las de las candidaturas “testimoniales”, entre otras. O sea: es una campaña lo
suficientemente ensuciada, aunque tal vez no más que otras, en la que finalizan
habilitadas pelotudeces tales como usar de ariete a
un monstruo chavizante.
Resulta,
sin ir más lejos, que ese mismo esperpento, Chávez, acaba de conseguir un
acuerdo con Lula, estimado en alrededor de 4 mil millones de dólares, para que
los brasileños financien proyectos de inversión de sus empresas, en Venezuela.
Se dejó trascender, no sin insidia, que el arreglo es a cambio de que Caracas
jamás tocará los intereses de las compañías
brasileñas. Pero, claro, en primer lugar son efectivamente sociedades del país
inversor. Y en segundo, los venezolanos tienen derecho a hacer lo que mejor les
parece, tanto como en su momento asistieron a la Argentina comprándole bonos
del Tesoro para prestarle un financiamiento del que carece al cabo del default. La salvedad es que no exigieron, en canje, que los
argentinos se ataran a programa de ajuste alguno. Ahí es donde queda destruido
el discurso de la derecha acerca de que el Fondo Monetario, o cualquiera de los
organismos-ladilla de los Estados Unidos, habrían cobrado más barato. El
problema es que estas densidades se subsumen en fuegos de artificio. Por caso,
el kirchnerismo se defiende apuntándole a Techint que
depositó en el exterior la primera cuota indemnizatoria del gobierno venezolano
por la estatización de Sidor. Y deja, como si tal cosa, el flanco de que Santa
Cruz nunca retornó al país la plata que mandó afuera durante la crisis de
comienzos de siglo. El gobierno argentino funciona así, a la deriva del humor
con que se despierten en Olivos o El Calafate. El rumbo-macro puede ser
correcto desde una perspectiva progresista, pero las ínfulas personales lo
contaminan hasta el extremo de ponerla en (serio) riesgo. En medio de esos
cruces temperamentales retroalimentados entre unos y otros, se relativiza que
el tema de fondo es que el accionar de Venezuela estaba anunciado con larga
antelación; que no hay de por medio una empresa argentina; que aun cuando la
hubiera rige el derecho soberano de un estado extranjero; y, sobre todo, que la
alianza estratégica con Chávez, si es que en verdad es eso con el objetivo de
estimular un cabo de articulación sudamericano, está demasiado por encima de
los negocios de Techint. Para volver a los brasileños, y sin que esto suponga
adherir a cierta visión casi idílica de sus políticas de Estado y de cómo
logran mantenerse al margen de sus turnos gubernamentales (aunque algo de eso
hay): Lula insistió, ahora msmo, en pedirle al Senado
de su país que apruebe el ingreso de Venezuela al Mercosur.
Hay una pinta de carácter estratégico, en
torno de para dónde salir disparados, que guarda distancia abismal con los
eternos cipayos de la presunta burguesía argentina.
Es
poco serio, en obvia síntesis, el revuelo que se armó por las estatizaciones de
Chávez. Y más lo es que se las relacione con alguna meta parecida por parte del
gobierno nacional, como si aquí estuvieran en juego situaciones similares a las
del venezolano. Deberían inventar algo mejor que usar a Chávez como testaferro
de sus intenciones.
MARCA DE RADIO, sábado 30 de mayo de 2009.
Por Osvaldo Bayer
Página/12 – 6 6 09
Otra vez más la Etica triunfa en la Historia. He
estado en Córdoba para llevar al público joven mis recuerdos del Cordobazo. Cuarenta años después. Quedó en claro en todos
los actos el desprecio profundo hacia los dictadores de turno de aquella época
y de sus obedientes uniformados. Y por supuesto de sus civiles que llegaron a
cualquier traición a los principios éticos con tal de alcanzar poder. Y
límpidos, así, límpidos, con la fuerza de esa palabra, los herederos del
pueblo. Los que pusieron el rostro en la primera fila de la gente en la calle.
La voz, el coro, la protesta como única arma, pero la razón de esa protesta
contra los represores, los defensores de los intereses sucios del egoísmo. Ese Onganía, ese general estreñido, el monumento al egoísmo y
de la orden del grito y el cuerpo a tierra.
Los trabajadores y los estudiantes, qué
conjunción. El basta a la dictadura militar, el sí al derecho a la libertad, el
sí a la vida digna, el no al mandoneo, a las rejas, a
la humillación diaria. Y en todos los actos, en todos los seminarios surgió una
figura. Agustín Tosco, el Gringo. Allí, con su traje de trabajo en el medio de
la primera fila haciendo frente a los lanzagases y a
los siniestros bastonazos de aquella policía.
Me pidieron que relatara mi experiencia con el
Gringo cuando por el gremio periodístico delegado ante los congresos de la CGT.
Y allí estaba él. Siempre sabíamos que se iba a poner de pie para hacer
escuchar su protesta o su propuesta. Un idioma distinto. Lo vi
trenzarse con Vandor, cuando éste recibía el apoyo
del dictador Onganía y Tosco sabía que al salir lo
podían esperar para el puñetazo o las esposas. O más tarde, en sus trenzadas
con Rucci, el metalúrgico obediente y cauteloso. El
mejor documento fue esa discusión en Canal 7, entre los dos, donde quedaron
claras las posiciones. Rucci, que no quería meterse
con el sistema, y Tosco, que veía como única salida digna una lucha para
cambiar esa sociedad plena de promesas, de modificaciones para no cambiar nada
y niños con hambre. Sí, esas expresiones textuales dichas ante la pantalla:
Tosco: “El Movimiento Nacional Intersindical es socialista, levanta la bandera
de la liberación nacional y social”. Rucci: “El
peronismo plantea la unidad de todos los sectores, no plantea la lucha de
clases. Bien lo ha dicho el general Perón”. Tosco: “Nuestra visión del
socialismo nace incluso en el programa de Huerta Grande, del manifiesto del 1º
de mayo de la CGT de los Argentinos y del documento de octubre del Movimiento
Nacional Intersindical. Nosotros queremos rescatar los medios de producción y
de cambio que están en manos de los consorcios capitalistas, fundamentalmente
de los monopolios, para el pueblo, socializarlos y ponerlos al servicio del
pueblo. Nuestro punto de vista es que deben desaparecer las clases y que debe
existir una sola clase, la de quienes trabajan. Y no como ahora que existe la
de los explotados que trabajan y las de los explotadores que sólo viven del
esfuerzo de los demás”. Rucci: “Eso no es socialismo
sino marxismo”. Es cuando el locutor le progunta a Rucci: “¿Usted le tiene mucho miedo al marxismo?”. Y Rucci le responde: “No, no le tengo miedo. Pero considero
que el marxismo ya no tiene más vigencia en el mundo”.
La lucha del Gringo Tosco fue contra la
burocracia sindical. Lo demostró con su ejemplo. Han salido muchos libros ya
con testimonios de los que lo conocieron y hablan de su total humildad en su
forma de vivir y de vestir. En el libro Tosco, grito de piedra, el doctor Habichayn relata que cuando estuvo preso, Tosco se opuso a
que el sindicato de Luz y Fuerza le hiciera llegar a su familia un dinero para
cubrir las necesidades inmediatas. No aceptó eso de ninguna manera. Lo rechazó
de plano. Planteó que jamás se debía sacar dinero del sindicato y que, en todo
caso, si algunos compañeros querían aportar voluntariamente, lo aceptaría. Eso
le parecía lo correcto. Apelaba a la conciencia de los trabajadores.
La solidaridad. Lo mismo ocurrió cuando
estaba preso en Trelew y el ERP hizo el operativo para liberar a los detenidos.
El propio Gorriarán Merlo, uno de los presos
participantes, le ofreció un lugar a Tosco en el auto que los iba a llevar al
aeropuerto y de allí volar hacia Chile, y de esa manera quedar libre. Tosco, le
agradeció pero dijo: “No, yo quiero que me liberen los trabajadores con sus
acciones solidarias pidiendo mi libertad”. Y se quedó.
Su compañero de prisión, Suárez, dirigente
obrero, relata: “El Gringo Tosco era uno más lavando los platos en la cárcel,
sin aceptar cualquier ventaja que le pudiera dar su nombre o el respaldo de
todo un gremio y todo un pueblo que estaba detrás de él. No permitía ningún
privilegio, al contrario, exigía que se lo tratara exactamente como se nos
trataba a nosotros”.
Me tocó en suerte también esta vez presentar
el bello libro de fotos de Tosco y sus acciones llamado Tosco, la calle tiene
memoria, de Adrián Jaime. Es el mejor testimonio del coraje civil y la humildad
de este héroe, de este Hijo del Pueblo: siempre adelante en las marchas,
siempre dirigiendo la palabra en las manifestaciones. El Cordobazo
queda ahí mostrado desde sus aspectos más emocionantes.
La muerte del Gringo iba a desbordar todos
los cánones de la tristeza. Morirá perseguido por las Tres A. Estaba muy
enfermo de cáncer. Pero no lo pudieron internar en un hospital para su tratamiento
porque allí lo iría a buscar la banda de asesinos de López Rega.
Igual, sus amigos hicieron todo lo posible para atenderlo. Un médico amigo lo
visitaba. Finalmente falleció de un tumor. Lo que nunca podrán explicar los
sindicalistas del oficialismo de entonces es cómo ellos no le ofrecieron ayuda,
lo internaron en uno de sus hospitales y le pusieron una guardia especial. Pero
no. Fue más fácil lavarse las manos diciendo “fueron las Tres A” y no nosotros
los que le hicimos la vida imposible.
Nos imaginamos ésa su última soledad. Su
sepelio convocó a veinte mil personas. Pero en determinado momento atacó la
policía y la gente fue golpeada y perseguida. Muchos se tuvieron que refugiar
entre las tumbas del cementerio. Por haber ido a despedir a un hombre honesto.
Pero la verdadera Historia no perdona. Pese a a su
persecución, hoy Tosco es uno de los héroes máximos de los trabajadores y del
pueblo todo. Comparable con aquellos que en el siglo XIX comenzaron a organizar
las “sociedades de oficios varios” para lograr una vida un poco más digna, a
pesar de la cruel ley 4144, de Julio Argentino Roca, por la que se expulsaba a
todos los extranjeros que impulsaran ideologías “contrarias al ser nacional”.
Como decían los oradores salidos de las “casas bien” de aquel entonces.
Después de regresar de Córdoba, al día
siguiente fui a visitar la cárcel de Ezeiza, de mujeres. Presas “comunes”. Les
hablé a ellas de los ideales de mayo y de aquella increíble asamblea del año
trece que prohibió “para siempre” el uso de tormentos en la averiguación de
delitos. 1813. Ciento veinte años después el militar Uriburu oficializaba de
facto el uso del invento argentino: la picana eléctrica del comisario Lugones.
Y 160 años después, Videla, Massera y Agosti la
utilizaron como utensilio diario en los lugares de detención. Y ya en nuestros
días el occidental y cristiano, Bush oficializaba la tortura en Guantánamo.
Cuando me oyen, las presas de Ezeiza despuntan una sonrisa burlona como
diciendo “todo sigue igual”. Tres de ellas muy jóvenes me hablan para decirme
que no se les permite estar con sus pequeños hijos porque ellas son menores de
edad. Una de ellas es ya madre de tres niños. Se quejan porque los organismos
de derechos humanos nunca las visitan. Tienen urgencia de confiarles sus sufrimientos.
“Por aquí, nunca vienen”, me dicen y me miran con ojos muy tristes, sin
esperanzas.
Hace mucho frío. He tenido que darles la
clase en un salón sin calefacción, pese a la temperatura. Tengo luego que
caminar por los playones de la cárcel más de un kilómetro hasta la salida
porque no hay servicio de transportes. El diablo debe estar gozando, me digo. Y
pienso en las largas prisiones que sufrió el gringo Tosco en estas tierras de
las espigas de oro.
A 20 años de la matanza de Tiananmen, China corta Internet a miles
de habitantes