Doce mil mañanas que nadie podrá negar

 

27/1/04- ¿Qué le pasa a una sociedad cuando fallece una persona joven y representativa?. Está de duelo. En los últimos tiempos han sido varias, pero en el caso de Alberto Eduardo Rocha, merece analizarse detenidamente.

Junto con Aníbal Rubén Borda, también fallecido repentinamente, es el caso de las personas pujantes que en su juventud  tienen interés por el progreso y trabajan todos los días de su vida para lograr ese objetivo.

Funda y dirige desde el 8 de noviembre de 1962 el diario regional La Mañana y en más de cuarenta años al frente de distintos equipos de trabajo pone pasión a lo que hace y muestra el reflejo de su experiencia en cada  una de las doce mil ediciones que logró tener en mente.

Visto desde adentro, como en algunos años fue mi caso, es innegable que periodísticamente teníamos diferencias, saludables diferencias, que no dejan de valorar la capacidad de trabajo de quien en una modesta oficina de dos por uno va organizando la actividad empresarial, paso por paso.

Está de luto una sociedad que tiene a La Mañana todas las mañanas en su puerta y analiza la realidad a partir de lo que ella le ha ido informando. Está de luto una sociedad que sabe que en una comunidad donde muchas empresas no han podido soportar tantos cambios económicos como los ocurrido en estas décadas, valora que la empresa mantenga la cantidad de salarios que ha tenido, convirtiéndose en una fábrica que no paraba ninguna siesta y que iba devorándose todos los acontecimientos locales y regionales. Rocha terminó imprevistamente su vida junto a su familia al iniciar un día más, luego de una jornada que suponemos agotadora y estresante para todo ser humano, como tantas otras, en que el diario tiene la ingrata tarea de testimoniar los hechos ocurridos en la ruta 51, donde una cosechadora conducida por un joven de la localidad de San Enrique, hoy procesado por triple homicidio culposo embistió, aparentemente a setenta centímetros dentro de su carril, a un automóvil que va en dirección a Saladillo con gente de San Juan que salía de vacaciones.

Rocha trabajó ese día y estuvo escribiendo vaya a saber hasta qué hora de la noche sus últimas palabras en su querido diario explicando a su modo lo que pasaba en esa ruta, dando detalles de la gran cantidad de irregularidades van cometiendo los automovilistas entre nuestra ciudad y General Alvear. Una vez más los accidentes automovilísticos destrozan a las familias y el periodismo, los bomberos, los médicos, la policía deben buscar entre los restos de humanos y de hierros retorcidos una respuesta que pocas veces se puede responder. Así trabajó Rocha la mayoría de sus días desde 1962. Con la visión que él tenía de los carnavales, de los funcionarios, de la policía y de las instituciones. Y de accidentes que sirven para completar páginas pero indudablemente perjudican al cronista que es un ser humano que recibe un fax con un accidente en General Alvear y con un teléfono preguntando a Bomberos para que lado ha salido el autobomba ya que es necesario cubrir el hecho con cronista  y fotógrafo. Cuando esto se escribe La Mañana llega al número 12891.

Nuestro emocionado saludo desde ésta humilde última página a ese laburante director que desde algún lado seguirá controlando como “KikoJalil mira el corso pensando en el diario y ve como Gastón Makrey le saca foto a la niña de la comparsa Así Así y como ese también fundador de La Mañana, Pacri, sigue repartiendo diarios en bicicleta después de haber trabajado toda la noche en “la fábrica”, porque, aunque fallecido “el dire” el diario tiene que llegar al Barrio Obrero con la triste noticia.